Movimiento Ciudadano de


REACTIVACION


Cómo bajar impuestos sin aumentar el déficit 

En la Argentina del año 2000 reducir los impuestos puede ser un mecanismo eficaz para ayudar a reactivar la economía, reducir los costos, mejorar la competitividad de nuestra producción y también una forma de mostrar que existen vías alternativas para alcanzar o mantener la solvencia fiscal. Se trata de demostrar que la baja de impuestos –especialmente los que se llaman distorsivos-, que el ministro Machinea ha anunciado tiene la intención de concretar, es algo que conviene hacer ya, sin esperar la elaboración del Presupuesto del año 2001.

Tomemos como ejemplo el impuesto sobre el gasoil. Actualmente el impuesto sobre este combustible es de $0,12/litro, representando un 30% del precio total antes de IVA (0,40/litro) que paga un transportista o un hombre de campo. En 1999 la DGI recaudó por este impuesto un total de aproximadamente $1.200 millones.

De suprimirse éste impuesto, se producirían los siguientes efectos:

1)      Obviamente, en un primer momento disminuiría la recaudación impositiva en $1.200 millones / año.

2)      La baja de impuestos generaría un mayor ingreso disponible en los bolsillos de los beneficiarios directos de la rebaja aplicada, aumentando en la misma cantidad su capacidad de gasto. Parte de la misma sería destinada a la inversión, parte al consumo y otra, menor, sería ahorrada, generando un incremento en la actividad económica. Asimismo los destinatarios de ese gasto incremental verían aumentados sus ingresos y por lo tanto también su poder de compra, lo que produciría nuevas y sucesivas rondas de mayores ingresos y gastos. Esto no es otra cosa que el llamado efecto multiplicador de una rebaja de impuestos. En nuestro país puede estimarse que el multiplicador es de 2,5, lo que significa que por cada peso de reducción de impuestos se generan $2,5 de mayor actividad económica, es decir de producto e ingreso. En nuestro ejemplo, ante una rebaja de impuestos de $1.200 millones, podría esperarse un aumento del producto de $3.000 millones.

3)      En 1999, el PIB fue de aproximadamente $280.000 millones y el Estado Nacional recaudó un total de $48.000 millones por todo concepto de impuestos y contribuciones nacionales. Esto significa una presión impositiva efectiva de 17%. En consecuencia, aplicando este porcentaje al incremento de esos $3.000 millones en el producto descripto en 2), se arrimarían al Estado Nacional impuestos adicionales por $510 millones, que irían compensando la rebaja impositiva original mencionada en 1).

4)      Adicionalmente, la rebaja de costos que experimentarían los transportistas y en especial los productores agropecuarios, los pondría en una situación de mejora de su posición competitiva frente al exterior, induciéndolos a aumentar su producción. El producto del sector agropecuario –sin contar las manufacturas de origen agropecuario- fue en 1999 de aproximadamente de $12.000 millones. Si bien no es fácil estimar de cuanto sería el aumento del producto por mejora de competitividad, asumiendo un 5% de aumento de aquella suma como representativo de la mejora de costos que el 30% de rebaja en el gasoil significaría para el sector y de las mejoras que experimentarían otros sectores, el producto agropecuario se vería incrementado en $600 millones. Pero ese incremento del producto agropecuario significa, a su vez, mayores ingresos para todos los proveedores del sector, lo que da lugar a una nueva reacción multiplicada y en cadena de mayor actividad global. Si sobre ese incremento del producto agropecuario aplicamos el multiplicador antes mencionado, se llega a un incremento total del PIB originado en la mayor competitividad de $1.500 millones. Si sobre este valor aplicamos el porcentaje de presión impositiva efectiva de 17%, se obtendría por esta vía un incremento de recaudación impositiva de $255 millones.

5)      Sobre la base de una campaña explícita que hiciera pública la intención de generalizar gradualmente la rebaja de impuestos aplicando la fórmula “menos impuestos, mayor actividad, mayor competitividad, mayor recaudación con menor presión fiscal”, podría esperarse también una reacción positiva de los contribuyentes, lo que mejoraría su disciplina fiscal y bajaría los índices de evasión. A lo que sin duda convendría inducir con un refuerzo de la actividad de contralor por parte de la DGI. Es difícil estimar este último efecto beneficioso de la rebaja de impuestos, pero en nuestro ejemplo bastaría que fuese de $435 millones, un 0,9% de la recaudación impositiva total, para que se terminara de cerrar la brecha dejada por la rebaja inicial de impuestos y no se impactara negativamente la posición fiscal.

De verificarse los resultados antes expuestos, al país habría aumentado su producto en $4.500 millones (+1,6% del PIB), ayudando a impulsar la salida de la recesión y a mitigar los índices de desocupación. La baja de costos impositivos habría mejorado la competitividad de nuestra producción, reasegurando el esquema de convertibilidad. El aumento de actividad y una propuesta diferente de ajuste permitirían mejorar el humor y las expectativas de los argentinos y no empeorar, y tal vez mejorar, el equilibrio fiscal. Otros ejemplos de impuestos sobre la producción que podrían eliminarse o reducirse siguiendo el esquema propuesto, serían los aportes patronales o el impuesto sobre los intereses. A efectos de evitar una reacción contraria o de desconfianza por parte de algunos sectores, podría convenir iniciar este proceso con un impuesto en forma inmediata y, luego de comprobada en la práctica su eficacia, seguir con la reducción en otros impuestos. El caso del impuesto al gasoil, que afecta sectores con muy baja o nula rentabilidad como el agro y el transporte, podría ser un comienzo adecuado y una forma de ir marcando un camino para incorporar nuevos sectores productivos en un perfil más rentable y competitivo.

 


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